Anteriormente comenté sobre las novedades del Reporte Mundial de Ciudades 2020. Aquí ampliaré mencionando los distintos tipos de valores que las ciudades aportan al desarrollo nacional.

Valor económico: prosperidad inclusiva y oportunidades para todos

Las ciudades no solo son espacios de oportunidad donde las aspiraciones pueden ser realizadas, son los principales catalizadores o conductores de desarrollo económico y prosperidad en todo el mundo. En ellas se albergan las plataformas de producción, innovación y comercio, generando empleo tanto formal como informal.

Las ciudades son, de cara al mundo, el rostro visible de los países. Funcionan como anunciantes para la inversión directa internacional. Por ello, son aceleradores del crecimiento económico. Las economías urbanas tienen un profundo impacto a través del continuo urbano-rural por las externalidades positivas que se derivan de la creación de conocimiento y difusión de redes que aumentan la productividad agregada. La contribución al empleo productivo permite oportunidades económicas para todos, incluidos grupos marginalizados y personas con impedimentos, que deben ser considerados para una generación inclusiva de la prosperidad.

En los países en desarrollo, la economía informal – en el Perú, 60% de la Población Económicamente Activa [PEA]- se ha convertido en el elemento vital de muchas ciudades. Aunque por su naturaleza, estas empresas quedan fuera del radar de las políticas públicas para proteger a los empleadores, o brindar respaldo económico. Esto ha sido crítico durante la emergencia sanitaria en poblaciones de asentamientos informales económicamente más vulnerables por su dependencia en los ingresos diarios del sector informal.

Por ello, es necesario un cambio de paradigma en cómo los marcos de planeamiento urbano y gobernanza ven la economía informal, en el cual el desarrollo urbano sostenible e inclusive será clave para facilitar la transición de los trabajadores de la economía informal a la formal. Para atender estas necesidades, en algunos casos será necesario revisar los normas y regulaciones que limitan la generación de valor en los países en desarrollo. Los marcos de gobernanza, institucionales y legales no son estáticos. Así como las poblaciones cambian, estos deben evaluarse constantemente para verificar su relevancia, capacidad de respuesta a las necesidades prevalentes, y que estén alineados a las realidades locales.

Valor ambiental: desarrollo urbano resiliente

La urbanización no planificada, y mal gestionada representa una amenaza a la sostenibilidad del medio ambiente ocasionada por:

  • -Una expansión urbana descontrolada.
  • -Cambios de uso irreversibles y pérdida de biodiversidad.
  • -Patrones intensivos de consumo energético y de recursos.
  • -Altos niveles de contaminación y emisión de carbono.

Sin embargo, una planificación y gestión adecuada provee oportunidades para abordar estos retos y contribuir al valor ambiental. Se realiza a través de:

  • -Innovación energética.
  • -Patrones de asentamiento sostenibles.
  • -Cambios en el comportamiento humano y estilo de vida.
  • -Mejoras en la salud y bienestar relacionadas al medio ambiente
  • -Eficiencia de recursos.

Especialmente en áreas de rápido crecimiento urbano, múltiples retos ambientales interconectados afectan a la población. Entre ellos destacan el acceso a infraestructura y servicios públicos, el riesgo de fenómenos naturales, amenazas a ecosistemas y biodiversidad, la contaminación y el cambio climático). Las soluciones basadas en la naturaleza representan una aproximación integral para llevar valor ambientan a través del continuo urbano-rural. Sin embargo, se debe observar que algunas acciones y políticas de sostenibilidad en áreas urbanas están teniendo impactos no intencionados.

Por ejemplo, la inversión en áreas verdes en algunos barrios ha aumentado el valor de las viviendas, generando una “gentrificación verde”. Esto desplaza a los residentes de menores recursos. Por lo que es necesario tomar medidas que aseguren que los esfuerzos ambientales por mejorar el valor general de la urbanización no exacerben la inequidad y vulnerabilidades sociales. El valor ambiental de la urbanización sostenible no puede realizarse sin priorizar las necesidades de los grupos desfavorecidos.

Finalmente, a pesar del devastador impacto de la pandemia del coronavirus, la caída súbita de las emisiones de carbono y mejora en la calidad del aire producto de las inmovilizaciones -aunque breve- ha demostrado que un futuro urbano ecológico es posible.

Valor social: Sin dejar a nadie atrás

La urbanización sostenible puede sacar familias de la pobreza, liberar a las mujeres de la discriminación basada en el género, brindar un futuro brillante para jóvenes y niños, y ofrecer confort a los adultos mayores, y brindar un hogar a los migrantes que buscan una mejor vida. Pero el valor social de la urbanización sólo puede lograrse junto a la generación de valor intangible.

El “derecho a la ciudad” significa que todas las personas, particularmente los grupos vulnerables y marginalizados, deben tener igualdad de oportunidades y acceso a recursos urbanos, servicios y bienes. Las ciudades son los centros de creación de riqueza, diversidad social, política y cultural, y de los esfuerzos de preservación ambiental; sin embargo, el acceso a estas oportunidades no es igual para todos los habitantes.

La discriminación por género es un problema sistemático. Las mujeres en la base de la escalera económica proveen tres veces más horas de trabajo doméstico que los hombres. Las necesidades de niños y jóvenes -que no tienen participación en los procesos de decisión democrática- son usualmente pasadas por alto.

De la misma manera, los adultos mayores también tienen necesidades particulares en su habitar urbano. Y aunque la pandemia del coronavirus a exacerbado la inequidad urbana, las ciudades ofrecen significativas oportunidades para generar prosperidad. De manera general, los niveles de urbanización se relacionan con menores niveles de pobreza. La urbanización puede ser el camino para erradicar la pobreza, pero las políticas deben enfrentar importantes consideraciones no económicas y de equidad que deben ser balaceadas frente al crecimiento económico. Los gobiernos deberán cambiar la “igualdad” por “equidad”, y remover las barreras sistemáticas que limitan el acceso a oportunidades iguales para todos.