En los últimos años hemos ido aprendiendo por medio de diferentes publicaciones y estudios que, en nuestra ciudad, el espacio público es insuficiente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un mínimo de 16 m2 de área verde por persona, y observa que en Lima hay menos de 3 m2 por habitante.

La euforia por densificar que ha traído el Boom Inmobiliario ha potenciado este déficit. Evidencia de esto es que las personas reemplazan la necesidad de espacio público con el consumo de espacios comerciales, tales como cines, ferias, restaurantes, centros comerciales, etc. Como consecuencia, el gasto familiar se ha incrementado, lo que puede significar un retroceso en cuanto al desarrollo y mejora respecto a las aspiraciones de estas familias.

A pesar de lo mencionado, podemos ver que las personas hemos recordado de nuestra infancia la manera cómo usábamos sin prejuicio las calles, los parques, las veredas y todo lo que nos puede ofrecer la ciudad para hacer amigos, ejercicios, quemar estrés, jugar, expresarnos e imaginar. En la publicación de hoy del diario El Comercio, las actividades que se dan en el Pentagonito, grupos como Peru Runners, Actibicismo y muchos más son agentes activos en este cambio que se deben aplaudir.

Estas son algunas de las buenas prácticas urbanas que debemos seguir analizando, replicando, fortaleciendo y proponiendo. A su vez debemos inculcar en nuestros profesionales la búsqueda de soluciones audaces en los proyectos para que generen mejores espacios públicos potenciando así el desarrollo de las condiciones urbanas y de vida de las personas.


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