Hace algunas semanas, las comunicaciones de ATU sobre un Patio Taller que podría ubicarse en las inmediaciones de la Universidad Agraria de La Molina generaron diversas reacciones tanto de parte de la Comunidad Universitaria como diversos expertos que reflexionaron sobre el tema. Ciudad+ cubrió este tema en el artículo que puedes revisar aquí. Sin embargo, es importante reflexionar que este aparente problema, es en realidad resultado de problemas más estructurales. Y podemos aprovechar el caso para reflexionar sobre ello.

Es conocido que, durante las últimas décadas, la ciudad ha crecido de manera acelerada. Esto ha dejado sin efecto los esfuerzos del gobierno por regular y controlar el crecimiento a través de una planificación ordenada que garantice las mejores condiciones de habitabilidad de la ciudad. Esta planificación que debería haber previsto la necesidad de espacio para infraestructuras tan estructurales como las del sistema masivo de transporte urbano.

Problemas Mayores

Es difícil pensar hoy en día, dentro de Lima, en espacios suficientemente extensos que hayan sido edificados, y que pudiesen albergar proyectos de una escala urbana. Las opciones son limitadas, y usualmente recaen en espacios residuales que no fueron ocupados durante el crecimiento rápido de la mancha urbana. Se pueden identificar 3 tipos de estos espacios:

  • Protegidos (ej. huacas, humedales)
  • Inhabitables (ej. canteras, riveras)
  • Ocupados por otro uso
    • Público (ej. Cuarteles, universidades)
    • Privado (ej. Hipódromo, campo de golf)

Los terrenos rústicos de los primeros dos grupos presentan problemas para su ocupabilidad, por lo que el tercer grupo, de suelo urbano, se vuelve una rápida alternativa.

El Dilema de las Universidades

Lamentablemente para las universidades, a diferencia de los privados, sus terrenos son propiedad del Estado. La administración del mismo es cedida a las instituciones para sus operaciones, pero continúa rigiéndose bajo las leyes del Estado. Por ello, son supervisados por la SBN. Esto hace que se vea el uso de estas áreas como más factible que varias de las otras alternativas.

El caso de la UNALM es aún más particular. Debido a su naturaleza agraria y forestal, fue ubicada a las afueras de la ciudad. Sin embargo, pero fue absorbida rápidamente por la mancha urbana, caso similar al hipódromo (primero en Santa Beatriz, luego San Felipe, luego Jockey Plaza), los zoológicos, la base de Las Palmas, entre otros.

Sobre esto, cabría preguntar ¿Debería el Estado poder disponer libremente de estos terrenos cedidos en administración a las Universidades? ¿O hasta qué punto debería respetarse la autonomía universitaria? En principio, considero que debería primar esta última, siendo sólo aceptable acogerse lo primero como último recurso. Estas intervenciones deben de estar condicionadas a no degradar el valor del suelo y el espacio urbano. Después de todo, recortar el espacio destinado a la función educativa, el desarrollo de la investigación científica, y además un espacio ecológico único en la ciudad conlleva importantes costos sociales y para la ciudad. Esto es algo que no podemos tomar a la ligera.

Un problema de espacio

El real problema en estos casos es la falta de espacio. Lima, aunque no es densamente poblada, es densamente ocupada. Esta preocupación no es original de este artículo, y es motivo de reflexión de innumerables discusiones en distintos espacios. Las propuestas que han surgido son interesantes, e incluyen estrategias sobre cómo ocupar estos espacios que aún tenemos “disponibles” en la ciudad, y que no son de uso público, o de beneficio para la sociedad.

Retomando lo abordado antes, sobre la frontera de posibilidades y la visión dicotómica de cómo podemos optar por la universidad, o por la infraestructura de transporte. En realidad, si nos referimos a la experiencia del espacio urbano, ambas son infraestructuras ajenas a la ciudad y a sus habitantes.

Pero los usos no tienen por qué ser excluyentes. Podríamos pensar en usos mixtos, compatibles y compartidos.

En el caso de la UNALM, podríamos pensar en una infraestructura que además de ser centro de investigación científica, sea un espacio ecológico para el disfrute de los ciudadanos, un paisaje que, además, es difícil encontrar en ninguna otra parte de la ciudad. De esta manera, expandimos el límite de la frontera, sin tener que elegir por uno u otro.

Espacios Alternativos

Ideas de este tipo son ampliamente discutidas en las aulas, por ejemplo, en proyectos que abordan la idea de las granjas y la agricultura urbana. Correctamente adaptada a nuestro contexto, podría por qué no ser una alternativa para las extensas hectáreas de terreno que ocupa la UNALM. Si rompemos con este pensamiento tradicional del espacio, generamos nuevas posibilidades. ¿Podríamos tener humedales como espacios educativos? ¿Huacas urbanas? ¿O un club de golf que por la noche brinde algún servicio a la ciudad?

Waugh Thistleton, Trenezia

Finalmente, el objetivo último de estas intervenciones debería ser lograr el mayor beneficio para la mayor cantidad de población. Lo cual es sólo posible en un marco de entendimiento, cooperación, integración y buena voluntad. Finalmente, para que esto ocurra, hacen falta políticas públicas que puedan alinear los incentivos para la inversión, brindar un marco normativo y legal, y encausar los esfuerzos de los actores públicos, privados y la sociedad civil -que son muchos- en la dirección correcta. Hasta entonces, estos experimentos son sólo sueños que quedan en el ámbito académico, y la imaginación de las posibilidades, pero podemos desde ahora tender puentes para que un día sean proyectos factibles.