Generalmente a la hora de elaborar y desarrollar políticas públicas en relación a la cultura, el debate se rige de opiniones y especulación. Mientras que, si bien en el ámbito académico se desarrollan investigaciones que impulsan ideas y estrategias para y por la sociedad, muy pocas de ellas llegan a espacios de debate público y al campo político.

De esta forma, estamos acostumbrados a realizar propuestas e ideas fundamentadas en la especulación; aun cuando se cuentan con herramientas que pueden ayudar a la planificación de políticas públicas en el campo de las ciencias sociales; técnicas de investigación social que aportan datos cuantitativos que resultarían más eficaces y producentes.

Un ejemplo de estas herramientas se presentó en Bruselas, el Indicator Framework on Culture and Democracy, un estudio y herramienta de análisis desarrollado por el Consejo de Europa junto con la Hertie School of Governance de Berlín y la European Culture Foundation de Amsterdam. En este estudio se estudiaron indicadores de desarrollo democráticos y culturales para demostrar la hipótesis que un desarrollo cultural comporta un parejo de desarrollo democrático y a la inversa. De esta forma, se elimina la subjetividad que se pudiera tener si esto se transmitiera como una opinión, y se confirma científicamente.  Además de confirmar la relación de la democracia y la cultura de los 37 países analizados, también se analizan indicadores que permiten ver cuáles de ellos tienen una mayor importancia y relevancia a la hora de su aplicación.

De esta forma, una vez evaluados los diferentes indicadores, se puede visualizar cuáles son los campos en los que se obtienes mejores o peores resultados, brindando así una pauta clara sobre qué indicadores serían los más apropiados de actuar para obtener un resultado favorable; en resumen, esta herramienta tiene la aplicación de determinar en qué casos una política cultural tendría una mayor y potencial influencia.

Así, utilizando técnicas de las ciencias sociales se pueden elaborar conclusiones científicamente sustentadas que fundamenten las políticas culturales que se necesiten. De esta forma se podrían utilizar los recursos humanos y materiales más eficientemente, eliminando debates estériles movidos por otros intereses y llegando a la definición de políticas más rápidamente.

Fuente: World Economic Forum

Imagen: Perú 21


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